Un rostro rodeado de rayos convierte la luz en el centro de la composición. Inti toma su nombre de la referencia solar inca y la traduce a una obra de taller pensada para convivir con un espacio actual. Una obra así no aparece por casualidad en una vitrina. La pieza dialoga con la grandeza inca, la del Tahuantinsuyo que ordenó el mundo andino desde el Cusco, y mide 13 × 13 × 4 cm.
Quién la modela y con qué, queda dicho en su ficha. Creación contemporánea de Jaime Fernando Zapata Espinoza, vinculada al taller de Chaclacayo, Lima. La colección declara MDF, masilla epoxi, laca oro, papel maché, pintura acrílica, lanas y fibras vegetales, alambre, cera, cerámica al frío, tiza, silicona fusible y gancho de metal dorado. La combinación varía según el modelo. En la ficha consta que la técnica declarada es papel maché con pan de oro. Se trata de trabajo manual: dos ejemplares nunca son idénticos, y esa variación es la firma del oficio.
El acabado dorado y el fondo oscuro hacen visible el juego entre relieve y sombra. En una pared o una repisa, la pieza aporta un punto luminoso y una oportunidad para contar la historia de su inspiración. Límpiala solo en seco, con brocha suave; evita agua, disolventes y exposición prolongada al sol. El despacho incluye embalaje rígido antichoque, seguimiento y treinta días de garantía de devolución para verla instalada en su espacio.











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